Por: Julián Caballero

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Benito Pérez Galdós refleja el nombre de nuestra ciudad en su episodio nacional "Napoleón en Chamartín"

 

La Guerra de la Independencia y el paso de las tropas napoleónicas por nuestro pueblo dio motivo a otro tipo de apariciones literarias de su nombre. Algunos militares franceses publicaron sus vivencias bélicas, como el Capitán Grasset, en su obra titulada "La Guerre d'Espagne", quien refiriéndose a la llegada de Joaquín Murat el 23 de Marzo de 1808, decía: "..Le 22, il sera entre Buitrago et San Agostino; le 23, il passera en revue le corps de ltOcéan Sur les hauteurs dtAlcobendas, devant la foule des Madrilenes enthousiastes". Por su parte, el Comandante Balagny, en su obra "Campagne de Empereur Napoleon en Espagne", refiriéndose a la jornada del 2 de diciembre de 1808, tras la famosa batalla de Somosierra que abriera las puertas de Madrid a Napoleón, de-cia: ...El emperador llevó toda su caballería hacia el sur y dio orden a la división de Lapisse de marchar hacia Alcovendas, formando la vanguardia (...) Alcovendas, a 15 kilómetros de Madrid; la caballería había bloqueado el primero de diciembre todos los afrededores de este punto, donde el Mariscal Bessieres había establecido su cuartel general (...)En la mañana del dos de diciembre el Mariscal Bessieres, con toda la caballería, partió de Alcovendas hacia Madrid, y llegó a las proximidades de la capital a través de una espesa niebla que hizo que la vanguardia formada por la caballería ligera polaca cayese sin esperárselo en los puestos de las avanzadillas españolas...".

Con la Guerra de la Independencia como fondo, una gloria de nuestra literatura, Benito Pérez Galdós (1842-1920), reflejaba el nombre de Alcobendas en "Napoleón en Chamartin", uno de sus episodios nacionales, en varios pasajes: "...Echóse todo el mundo a la calle en averiguación de lo ocurrido, y corriendo de boca en boca las nuevas, exageradas por la ignorancia o la mala fe, bien pronto llegó a decirse que los franceses estaban en Alcobendas (...) Y si no, figúrate si será bonito ver a lo mejor que cuando tranquilamente avanzan los franceses, creyéndose seguros, aparecen como llovidas por el flanco derecho las tropas españolas y me lo cogen sin disparar un tiro entre Alcobendas y San Agustín (...) pero bien podría suceder que ese hombre, conociendo que no puede vencernos por la fuerza, intente dar al traste con la astucia a nuestro poderío, y se disfrace con el traje de un payo huevero de Alcobendas, para acercarse a nuestras formidables fortificaciones y estudiarlas cómoda-mente".

 

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Alcobendas aparece en "La horda", publicada en 1905 por el valenciano Vicente Blasco Ibañez

 

 

Sobre el mismo tema histórico y dando un salto en el tiempo volvemos a encontrarnos con el nombre de Alcobendas en la novela de Juan Antonio Vallejo Nájera titulada "Yo el intruso", publicada en 1987, donde se hace referencia a la huida de José Bonaparte, el 1 de Agosto de 1808, tras la batalla de Bailén: "...La vanguardia debe haber llegado a Buitrago, dejaremos la retaguardia durante un día en Alcobendas para cubrir la retirada. Castaños precisa, por lo menos, dos jornadas para llegar a Madrid". A mediados del siglo XIX, el escritor costumbrista Ramón Mesonero Romanos en su obra "Recuerdos de viaje por Francia y Bélgica", publicada en 1842, hablaba de la austeridad del paisaje de nuestros alrededores: "Mas, a decir verdad, qué Podria contar aquí que de contar fuese, tratándose de la travesía de Madrid a Buitrago, por Alcobendas y Fuencarral, por aquellos campos silenciosos y amarillos, ante los cuales enmudecería la misma rica y delicada lira de Zorrilla, o el pincel fecundo y grato de Villaamil?...".

Otro autor costumbrista apuntado a la moda de las descripciones viajeras, Francisco de Paula Mellado, era mucho más despectivo hacia nuestras tierras en su obra titulada "Recuerdos de un viaje por España", publicada en 1849:
"- ¡Hombre de Dios! Y para esto te gastas tu dinero y abandonas la corte!
- ¡ Y en describir a Fuencarral y Alcovendas querías que gaste mi tiempo!
- Son dos pueblos de España...
- Pero dos pueblos que nada ofrecen notable, y si hubiésemos de hacer mención de todos los que veremos, se necesitarían muchos volúmenes. Eso es bueno para los diccionarios geográficos. Nosotros no vamos a describir el país topográficamente; vamos a recorrerlo y a hablar de aquello que nos llame más la atención...".

Unos años después, en 1865, Cayetano Roselí, en su "Crónica de la Provincia de Madrid", reconocía, al menos, el buen fruto de aquellos campos denostados: "Alcobendas, que posee algunas casas de buenas condiciones, y elabora el vino moscatel de merecida nombradía en toda aquella tierra". Siendo Andrés Marín Pérez, en 1888, quien en su "Guía de Madrid y su Provincia", fuera el más bucólico y poético refiriéndose a Alcobendas: "Tiene alegre horizonte, despejado cielo y saludable clima". Angel Fernández de los Ríos, en su obra titulada "El futuro de Madrid", escrita en 1868, pedía para nuestra zona algo, al parecer; tan imposible como el ferrocarril: "...que la Zarzuela, y el Pardo y la real Quinta y La Moraleja necesitan estar en comunicación directa, fácil y económica con Madrid; que las cosechas de Alcobendas, San Sebastián de los Reyes, Paracuellos del Jarama, Barajas y otros pueblos deben tener mejores elementos de transporte que las recuas de machos y las carretas; que los pueblos de las cercanías no deben ser ocasión de un viaje sino de un paseo, cosa es que no necesita demostración". Unos años después, el nombre de Alcobendas volvía a una novela, precisamente como pueblo suministrador de víveres a la capital, en "La horda" del valenciano Vicente Blasco Ibáñez, publicada en 1905:

"...Así como avanzaba el día, era más grande la afluencia de carros y cabalgaduras en la glorieta de los Cuatro Caminos. Llegaban de Fuencarral, de Alcobendas o de Colmenar, con víveres frescos para los mercados de la villa. Junto con los cántaros de la leche descargábanse en el fielato cestones de huevos cubiertos de paja, piezas de requesón, racimos de pollos y conejos caseros...".

 

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