El
hijo del embajador francés, Antonio de Gramont en sus "Memorias
del Mariscal De Gramont" cita la estancia en nuestro
pueblo: "...Vuelvo al mariscal De Gramont, que partió
de Irán el 4 de octubre y llegó el 15 a Alcobendas, desde
donde salió el 16 a las cuatro de la mañana para ir a Maudes
(...)Y porque el rey le había hecho advertir en Alcobendas
por don Cristóbal de Gaviria que por esa primera vez debía
abstenerse de hablar a la infanta de matrimonio...
Francisco
de Bertaut, noble francés acompañante de aquél en la embajada
matrimonial que les trajo a la corte, escribió un "Diario
del viaje de España" en el que vuelve a estar presente
nuestro Alcobendas, y su palacio de los condes de Puñonrostro,
en especial sus jardines: "El 15, a Alcobendas, a seis
leguas de Madrid, donde hay una casa muy bonita para este
país, es decir, un jardín muy hermoso, donde hay fuentes y
hermosos paseos... Encontré que se servían en Alcobendas de
una manera de regar muy cómoda, porque en el centro de todos
los parterres hay allí una pequeña fuente, sobre el tubo de
la cual ponen otro que hace ir el agua a un lado, en vez de
ir a lo alto, y en ese tubo ponen todavía otro, y así un gran
número, y tantos como son necesarios para llegar hasta el
extremo del parterre.
Entonces
el jardinero, dando vueltas todo alrededor y teniendo todos
esos tubos que están metidos los unos en los otros, y que
de ese modo no hacen más que uno, conduce el agua en un momento
por todo el parterre, porque esos tubos están taladrados por
algunos sitios, y de ese modo reparten el agua por todas partes
(...) Desde que hubimos llegado a Alcobendas, el rey de España
envió allí a don Cristóbal de Gaviria, lugarteniente de sus
guardias e introductor de los embajadores, y un poco después
a uno de sus mayordomos, llamado marqués de Malpica, que le
trajo un presente muy galante (...). El equipaje había quedado
en Alcobendas; de manera que allí no había ningún criado...".
En
1679, otra noble francesa, Madame D'Aulnoy, escribía su "Relación
del Viaje a España", donde volvía a aparecer nuestro
pueblo aunque algo devaluado: "Sabía que mi parienta
debía venir a mi encuentro hasta Alcobendas, que no esta apartado
de Madrid más que seis leguas. Como no estaba allí todavía
quise esperarla, y don Federico de Carnona, me propuso ir
a comer a una casa muy bonita, cuyo dueño era amigo particular
suyo. Por eso en vez de apearme en ese pueblecillo, lo atravesamos".
Tanta
gente importante aposentada en Alcobendas y la brillantez
de su palacio quizá indujera al autor anónimo del poema titulado
"La Gandalla", tan popular en su día, a la alusión
de sus damas: "En San Sebastián pastores, / y en Alcobendas
las damas. / Fuencarral las belloteras,/ en Madrid las cortesanas".
Otra obra anónima, esta vez holandesa, titulada "Viajes
hechos en diversos tiempos en España, en Portugal, en Alemania,
en Francia y en otras partes", publicada en 1700, confirmaba
la condición alcobendeña de antesala de Madrid: "...el
gran deseo que teníamos de vemos en esa capital, nos hizo
salir temprano. Pasamos tres leguas de un país bastante infértil,
pero muy hermoso por la caza, después de lo cual nos encontramos
en Alcobendas, donde nos vimos obligados a comer para dejar
que descansaran nuestras monturas, y después de haber hecho
una hora de camino por la tarde, descubrimos Madrid...".
En
la segunda mitad del siglo XVIII, la llamada "Ilustración"
en su intento de dar a conocer la realidad española con su
literatura descriptiva, nos aporta dos descripciones de Alcobendas.
La primera fue la de Tomás López y Vargas, geógrafo real,
quien en su, "Descripción de la Provincia de Madrid",
publicada en 1763, decía: "A cerca de una legua de Hortaleza
se halla La Moraleja; y a tres quartos de aquí y en tres leguas
cortas de Madrid está la villa de Alcobendas. El día de Nuestra
Señora de la Paz hay Romería, y hacen fiesta sus habitantes
a esta Señora". La segunda se contenía en la obra titulada
"Viaje de España", de Anto- nio Ponz, secretario
de la Real Academia de San Fernando, publicada ~ en 1781:
"...Salí, pues, de Madrid caminando tres leguas hasta
la villa de Alcobendas por el fecundo territorio que V. conoce.
A la legua y media se pasa por junto a Fuencarral, que queda
a mano izquierda. La campiña generalmente pelada de arboles,
según la usanza, y sin que haya razón para ello; pues podría
haber multitud de millares, aunque solo fuese entre aquellas
viñas de Fuencarral y Alcobendas, famosas por el exquisito
vino moscatel, que de sus uvas se hace, comparable a los mejores
licores que conocemos".
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